sábado, 30 de marzo de 2013

De Rusia a Argentina pasando por Brasil y Turquía - VI

Turquía 
La crisis financiera en Turquía (2001) y la fuerte devaluación que sufrió su moneda se asemeja a lo ocurrido en muchas naciones que inexplicablemente vuelven a caer en los mismos errores, exponiéndose a nuevas crisis. Lo que sucedió en Turquía parecía increíble en vista de que esa nación siempre se ha asimilado a Europa (a pesar de estar en Asia), es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN) y de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y aspira a ingresar a la Unión Europea. Por todo ello algunos consideraban que su economía era sólida. Turquía tiene una economía diversificada, basada en la producción de textiles, siderurgia, maquinaria eléctrica y equipos electrónicos; sin embargo, su escasez de recursos energéticos le ocasiona problemas económicos, pues la factura petrolera es muy alta y la triplicación de los precios del crudo a fines de los años 90 empeoró su situación. Su ingreso per cápita ronda los 3000 dólares anuales, por lo que se le considera un país tercermundista, sobretodo debido a su excesiva población, en una geografía accidentada, árida y azotada por frecuentes terremotos. Los partidos islámicos, tienen mucha afinidad con el iraní, lo cual ha alimentado algunas facciones extremistas e incluso el terrorismo urbano. 
La minoría kurda en el este también añade un elemento de violencia por su actitud desafiante e intenciones secesionistas. Sin embargo, Turquía apoyó a la coalición en la guerra del Golfo, así como –por conveniencia económica- a EUA y al Reino Unido en la imposición de las zonas de exclusión aérea en Iraq, a pesar de que el gobierno iraquí también combate a la minoría kurda alojada en el norte por ser un foco constante de rebelión. 
Estos problemas políticos, junto con las extendidas prácticas de corrupción administrativa y la rivalidad entre facciones en altas esferas del gobierno y el parlamento, no podían sino precipitar la crisis en 2001, que es típica de los países tercermundistas que no han logrado la estabilidad política y no quieren acogerse a la disciplina fiscal que exigen los organismos multilaterales para frenar el deterioro económico y el caos financiero. En efecto, desde 1999 Turquía estuvo tratando de adaptarse a la receta usual del FMI para tener acceso a sus créditos y así apuntalar su débil economía, marcada por una inflación cercana al 100% anual. En diciembre de ese año Turquía recibió un préstamo de 4 mil millones de dólares del FMI con el fin de reducir la inflación; este programa permite a la lira turca depreciarse lentamente frente a una canasta de euro-dólares.

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