lunes, 9 de octubre de 2017

El fin del excepcionalismo alemán



Durante el último año, mientras el huracán del populismo político sacudía Occidente, Alemania permaneció como una isla de calma. Estados Unidos eligió a Donald Trump; Reino Unido se abalanzó hacia el Brexit; François Hollande era tan impopular que ni se postuló para la reelección en Francia. Por el contrario, Angela Merkel, serenamente, se presentó para un cuarto mandato como canciller de Alemania. Entre las grandes naciones occidentales, sólo Alemania parecía tener un liderazgo fuerte y estable.

Las elecciones de este fin de semana aseguran efectivamente a Merkel otro mandato. La otra noticia, menos reconfortante, es que Alemania ha perdido su inmunidad contra el iracundo populismo. Eso tiene graves implicaciones para la capacidad de la Canciller alemana de desempeñar el rol de "líder del mundo occidental", un cargo que muchos le otorgaron tras la elección de Trump.

La gran noticia de la elección alemana es claramente el ascenso de la derecha nacionalista, que a través de Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), obtuvo más del 13 por ciento de los votos, convirtiéndose en el tercer bloque más grande del parlamento con más de 90 diputados. Sigmar Gabriel, ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, ha argumentado que con el partido AfD en el Parlamento "habrá verdaderos nazis en el Reichstag alemán por primera vez desde el final de la segunda guerra mundial". La mayoría de los analistas no van tan lejos, pero otros políticos de extrema derecha en Europa ciertamente consideran a AfD como un partido hermano. Marine Le Pen, líder del Frente Nacional de Francia, se apresuró a felicitar al partido alemán por su éxito electoral.

El surgimiento de la AfD es parte de una mayor contracción del centro político. Los principales partidos centristas (los partidarios demócrata-cristianos de la Canciller y los socialdemócratas de centro-izquierda) obtuvieron los peores resultados desde 1949. El partido de extrema izquierda, Die Linke, obtuvo un poco más del 9 por ciento de los votos, por lo que más de uno de cada cinco alemanes votaron por partidos populistas y antisistema.

Ese nivel de apoyo populista sigue siendo inferior a la proporción sustancial de votantes (cerca del 50 por ciento en cada caso) que eligió a Trump, optó por el Brexit y apoyó a candidatos de extrema derecha o de extrema izquierda en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, pero la fuerte demostración de los populistas, y en particular la AfD, pone fin a la esperanza de que, dada su historia, Alemania es inmune al extremismo. Por el contrario, muchos analistas alemanes fueron sacudidos por la subyacente corriente de furia antisistema revelada por la campaña electoral. En muchos de sus mítines, los discursos de Merkel fueron ahogados por zumbidos y silbidos, algo nuevo en la política alemana.

Con el paso del tiempo, la AfD se ha vuelto cada vez más radical. El grupo surgió originalmente como un "partido de profesores" de intelectuales conservadores enojados por la participación de Alemania en rescates de la eurozona. Pero la crisis de refugiados de 2015, en la que más de un millón de solicitantes de asilo, en su mayoría musulmanes, entraron en Alemania dio a la AfD la oportunidad de replantearse como un partido antiinmigración.

Más recientemente, la AfD comenzó a jugar con el material más incendiario de la política alemana: la historia nazi del país. Alexander Gauland, colíder del partido, ha dicho que los alemanes tienen el derecho de estar orgullosos de sus soldados en ambas guerras mundiales. En correos electrónicos filtrados, Alice Weidel, la otra candidata principal de la AfD, llamó al Gobierno alemán "títere de los poderes victoriosos de la segunda guerra mundial".

La presencia de un partido nacionalista de derecha en el Bundestag cambiará el tono de la política alemana. También podría complicar la forma en que Alemania interactúa con el resto de Europa, presionando al Gobierno a tomar posturas más nacionalistas.

Alemania ya tiene relaciones muy difíciles con Turquía y Polonia. Recep Tayyip Erdogan, presidente turco, ha acusado al Gobierno alemán de "prácticas nazis" por bloquear las manifestaciones políticas turcas en suelo alemán. El Ministro de Relaciones Exteriores de Polonia ha sugerido que Alemania debe pagar a su país hasta un billón de dólares en reparaciones por la segunda guerra mundial. Hacer oídos sordos a los insultos del extranjero se hará más difícil con un bloque nacionalista en el parlamento exigiendo que el Gobierno defienda Alemania. Esto también plantea el peligro de que las relaciones entre las naciones europeas adquieran un tono cada vez más áspero.

Las esperanzas de una integración europea más profunda para contrarrestar la marea nacionalista y mejorar el funcionamiento de la UE también pueden quedar suspendidas. El Gobierno francés esperaba que, tras su reelección, Merkel tomaría pasos más audaces hacia la integración de la eurozona. El nuevo panorama político en Alemania hará más difícil que Merkel pueda responder positivamente a las propuestas francesas.

El aumento del populismo resalta el hecho de que muchos trabajadores alemanes sienten que sus niveles de vida han sido afectados, lo que hace más difícil defender el caso por la generosidad hacia el sur de Europa. La necesidad de incorporar a los Free Democrats (FDP) en una nueva coalición gobernante también hará que las concesiones a Francia sean difíciles. El FDP, que alguna vez fue campeón de la integración europea, es ahora un partido fuertemente euroescéptico.

Un cuarto mandato es un triunfo personal para Merkel, pero ha pagado un precio caro por sus políticas sobre refugiados y el euro. Alemania ahora se parece más a un país occidental "normal". Y eso, irónicamente, no es una razón para celebrar.

Grandes esperanzas de inversiones en Brasil probablemente seguirán siendo un sueño



Las acciones brasileñas han tenido una excelente racha este año. El índice Bovespa subió un 22 por ciento en términos de moneda local, con un 4,5 por ciento adicional para los inversionistas extranjeros gracias al avance del real frente al dólar estadounidense.

Difícilmente se pensaría que éste es un país sumergido en una crisis. Y sin embargo lo es. Hace dos semanas, los fiscales acusaron al presidente Michel Temer de dirigir una "organización criminal". Profundamente impopular, con un índice de aprobación de sólo 5 por ciento, él corre el riesgo de convertirse en el segundo presidente en dos años en ser engullido por un escándalo de corrupción que ya ha destruido la reputación de algunos de los más grandes nombres de los negocios y de la política brasileños.

Incluso si Temer sobrevive (no cabe duda de su tenacidad) su mandato termina a finales del próximo año. Si las encuestas de opinión están en lo cierto, su sucesor más probable, Jair Bolsonaro, es un populista de extrema derecha que cree que la Policía en las calles debiera tener licencia para matar. Las perspectivas de una reforma liberal y favorable al crecimiento son desalentadoras.

Sin embargo, los inversionistas están fijando precios para un escenario perfecto. ¿Por qué? Es fácil acusarlos de tener un ciego optimismo. Las acciones brasileñas han estado aumentando desde enero de 2016, cuando comenzó a parecer probable la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff, la cual sucedió en agosto.

Acusada de manipular la contabilidad pública, su verdadero crimen fue destrozar la economía. A pesar de que el producto interno bruto (PIB) se contrajo en un 3,6 por ciento el año pasado después de una contracción del 3,8 por ciento el año anterior, los inversionistas mantuvieron la fe, creyendo que su reemplazo (cualquier reemplazo) representaría una mejora del intervencionismo estatista de Rousseff.

También existen causas más firmes para el optimismo. No es sólo que la economía vuelve a crecer este año. A pesar de la crisis política que lo ha rodeado, Temer y su administración han continuado con su labor.

A continuación el caso para el optimismo. En primer lugar, Temer reunió un equipo ideal de reformadores promercado, entre ellos Henrique Meirelles en el Ministerio de Hacienda, Ilan Goldfajn en el banco central y Pedro Parente en Petrobras, la compañía petrolera plagada de escándalos.

Luego, ellos comenzaron a trabajar en reformas. En primer lugar de importancia se encontraba un límite al gasto público destinado a estabilizar las cuentas públicas. La gobernanza de las empresas estatales ha mejorado, en particular en Petrobras, la cual ahora ajusta los precios en consonancia con los mercados y no con la política gubernamental. Las leyes laborales se han simplificado. Está en progreso una reforma del sistema público de pensiones inasequible e injusto porque beneficia al sector público a expensas del privado.

Parte de estos logros ha sido ahogada por el ‘ruido’ de la política. Esto es particularmente cierto en el caso de una histórica reforma aprobada este mes, la cual promete poner fin a los préstamos subsidiados que cuestan a los contribuyentes decenas de miles de millones de reales brasileños cada año y que, según sostienen numerosos economistas, han impedido el desarrollo de los mercados crediticios en Brasil y han frenado la inversión y el crecimiento durante décadas.

Los beneficios potenciales de esta sola reforma son tales que es probable que incluso los inversionistas más optimistas hayan fracasado en comprenderlos.

Desafortunadamente, sin embargo, su optimismo en otras áreas parece exagerado.

El caso para el pesimismo es simple. El trabajo de este gobierno, en pocas palabras, era lograr un ajuste fiscal que pusiera las cuentas públicas de nuevo en un balance positivo. Hasta ahora ha fracasado, y muestra escasas señales de poder tener éxito.

A pesar del límite del gasto público, el gasto no se ha reducido. El Gobierno está en camino de entregar un déficit presupuestario primario (antes de los pagos de la deuda) equivalente al 2,7 por ciento del PIB este año. Sólo para cuadrar las cuentas, se necesita un superávit primario del 3 al 3,5 por ciento del PIB.

Su trabajo es, entonces, lograr un ajuste fiscal equivalente a cerca del 6 por ciento del PIB. Nada de lo que ha hecho se le acerca, y no hay nada en proceso que lo vaya a lograr.

La reforma del sistema de pensiones del Gobierno pudiera haber sido presentada como una cuestión de justicia social, pero, en cambio, se ha percibido como una carga adicional para una población ya gravada en exceso. En consecuencia, la reforma se ha diluido y se sumará al déficit fiscal durante los próximos años.

Alrededor del 85 por ciento del gasto público está fijado por la Constitución. La inversión ya ha sido cortada al máximo. Incluso el rápido crecimiento económico no resultará en más gasto, debido al límite.

Sólo abordando la Constitución podrán los políticos lidiar con el desafío fiscal. Nadie está prometiendo eso.

La perfección para la que los inversionistas han fijado precios es muy probable que continúe siendo un sueño.

martes, 3 de octubre de 2017

Dos décadas de diálogo Mercosur y Unión Europea retoman negociaciones con fuerte hermetismo

Negociadores de la Unión Europea (UE) y el Mercosur iniciaron ayer en Brasilia una nueva ronda de discusiones en torno al acuerdo comercial que ambos bloques persiguen desde hace casi dos décadas y pretenden concretar antes de fin de año.

Las reuniones, según dijeron fuentes oficiales, serán bajo un absoluto hermetismo, a puerta cerrada, y darán continuidad a los contactos retomados en el último año y medio, tras superarse uno de los tantos momentos de estancamiento que ha tenido el proceso.

Las mismas fuentes explicaron que en este tramo de la negociación deberán ser abordadas las serias diferencias que existen con relación al sector agrícola, al que tanto el Mercosur como la UE atribuyen buena parte de las dificultades para alcanzar un acuerdo definitivo.

APERTURA

Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay exigen al bloque europeo una mayor apertura para sus productos agrícolas, pero un grupo de países encabezado por Francia, Irlanda y Bélgica preferiría dejar la discusión de ese espinoso asunto para una próxima reunión.

En esta nueva ronda de discusiones, la intención del Mercosur es que, por lo menos, sea abordado en Brasilia lo relativo al acceso al mercado europeo de las carnes y los biocombustibles, como el etanol, que los países suramericanos consideran fundamental para dar un paso adelante en las negociaciones.

CARNE VACUNA

Según indicaron fuentes comunitarias en Brasilia, los países de la UE barajan la posibilidad de ofrecer una cuota anual de 70.000 toneladas para la carne vacuna del Mercosur, que por su parte habría demandado un mínimo cercano a 300.000 toneladas, equivalente a casi el 3 % del mercado cárnico europeo.

En la última rueda de contactos, celebrada en septiembre pasado en Bruselas, Brasil, que ejerce la presidencia semestral del bloque suramericano, advirtió sobre la necesidad de discutir lo relativo al sector agrícola y, en especial, los apartados de carnes y etanol.

Brasil, como el resto de los países del Mercosur, ya ha dicho que “comprende” el carácter “sensible” del mercado agrícola para muchos de los países de la UE, pero también ha subrayado que sin un acuerdo “satisfactorio” en ese apartado será “muy difícil” llegar a concluir las negociaciones.

PROTECCIONISMO

Al margen de los problemas que existen en las discusiones, ambos bloques han ratificado una y otra vez su “firme voluntad política” para llevar a buen término las discusiones, sobre todo frente a las políticas proteccionistas adoptadas por Estados Unidos desde la llegada al poder del presidente Donald Trump.

De hecho, tanto el Mercosur como la UE se han trazado la meta de anunciar la conclusión del acuerdo, o al menos un mínimo consenso, en la reunión ministerial que la Organización Mundial del Comercio (OMC) tendrá en diciembre próximo en Buenos Aires. DW con información de EFE.

martes, 29 de agosto de 2017

Próximo riesgo de una crisis económica se esconde a plena vista



Aveces la bomba de tiempo a punto de explotar está en los rincones del sistema que parecen aburridos y seguros.

Hace una década, pasé una noche en vela preocupándome por un contenedor de basura español. ¿La razón? El jueves 9 de agosto de 2007 los mercados financieros repentinamente se congelaron.

Debido a que yo estaba a cargo del equipo de mercados del Financial Times, pasé dos días tratando frenéticamente de identificar la razón del pánico. Nadie la sabía, pero ese fin de semana me desperté de repente en medio de la noche con una imagen de un contenedor de basura español en mi mente.

Un mes antes había asistido a una conferencia crediticia en Barcelona, donde leí folletos sobre una entidad poco conocida, y supuestamente segura, conocida como "vehículo de inversión estructurado" o SIV, por sus siglas en inglés. El material me había parecido extremadamente aburrido. Por eso, en el camino de vuelta a casa, arrojé los papeles en un contenedor de basura del aeropuerto y los olvidé, pero, de alguna manera, mi subconsciente sabía que había cometido un error. Así es que me desperté y me metí en línea para descubrir lo que había dejado en ese contenedor.

Al amanecer, ya me había dado cuenta de que esos productos de inversión ampliamente ignorados eran los principales responsables del misterio del mercado: los detalles eran complejos, pero, esencialmente, estos SIV contenían tóxicas hipotecas y estaban plagados de peligrosos desequilibrios entre activos y pasivos que habían causado pánico entre los inversionistas.

Hay una lección en esta diminuta porción de mi historia personal, conforme contemplamos lo sucedido en el pasado en este décimo aniversario del drama para evaluar lo que pasó.

En algunas ocasiones, los choques del mercado ocurren porque los inversionistas han asumido apuestas obviamente arriesgadas; sólo basta con considerar la burbuja tecnológica de 2001, pero otras crisis no involucran fondos de cobertura de alto riesgo o productos que son evidentemente peligrosos. Más bien, existe una bomba de tiempo a punto de explotar oculta a plena vista, en los rincones del sistema financiero que parecen tan aburridos, tan seguros o tan técnicamente complejos que tendemos a no prestarles ninguna atención.

En la crisis del mercado bursátil de 1987, por ejemplo, la bomba de tiempo fue la proliferación de las llamadas “estrategias de aseguramiento de cartera”, un producto que se suponía fuera aburrido porque parecía proteger a los inversores contra las pérdidas. En el choque del mercado de los bonos de 1994, los choques fueron el resultado de los “swaps” en las tasas de interés, las cuales habían sido anteriormente ignoradas porque, en ese momento, se les consideraban “geeky”.

En 2007 no sólo fueron los SIV los que sirvieron de desencadenante. Otro problema lo representaron productos como las obligaciones colateralizadas por deuda (CDO, por sus siglas en inglés) o las permutas de incumplimiento crediticio (CDS, por sus siglas en inglés), las cuales también habían sido ignoradas.

La buena noticia actualmente es que no parece que el sistema financiero se esté enfrentando a una amenaza inminente de que otra “aburrida” bomba de tiempo cause estragos. Los bancos occidentales están bien capitalizados, los reguladores están alertas, la economía global está creciendo y los bancos centrales están proporcionando apoyo monetario.

La mala noticia es que precisamente porque el sistema se ha vuelto tan tranquilo y tan cargado de dinero, existe despreocupación; y no sólo sobre los peligros de las apuestas claramente arriesgadas (como, por ejemplo, los bonos argentinos), sino también sobre los peligros de los activos “seguros”.

Consideremos el mundo de los fondos de inversión cotizados (ETF, por sus siglas en inglés). Este sector recientemente se ha disparado en tamaño: con más de 4 billones de dólares en activos gestionados a nivel mundial y cerca de 3 billones de dólares en Estados Unidos, eclipsa a los fondos de cobertura. Los ETF no suelen atraer mucha atención, ya que el sector, una vez más, parece ser “geeky” y aburrido.

Sin embargo, acarrean profundas consecuencias: Marko Kolanovic, un estratega sénior de JPMorgan, estima que los inversionistas pasivos y cuantitativos actualmente representan alrededor del 60 por ciento de la industria de gestión de activos de capital estadounidense, un aumento frente a menos del 30 por ciento hace una década.

Esto está cambiando los flujos del mercado de maneras potencialmente impredecibles que los inversionistas y los reguladores no entienden completamente, y produciendo algunos productos esotéricos. Este año, por ejemplo, los inversionistas se han precipitado hacia un abstruso ETF de “VIX Inverso” (el VIX es el índice de volatilidad del mercado de opciones de Chicago) que se beneficia de la baja volatilidad. Este ETF actualmente ocupa el lugar 34 entre los títulos accionarios más negociados del mundo (intercambiando manos con más frecuencia que las acciones de Chevron o Pfizer) y ha producido casi un 100 por ciento de rendimiento este año. Parece haber distorsionado las medidas de volatilidad este año, creando una impresión de calma, pero esas negociaciones VIX pudieran desencadenar un efecto látigo si el sentimiento cambia.

Consideremos los bonos del Tesoro. La mayoría de los inversionistas suponen que estos bonos son el pilar de las finanzas modernas libres de riesgo, y que los rendimientos de los bonos del Estado se mantendrán bajos durante mucho tiempo, pero hace tan sólo unos días Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal, advirtió que los precios de los bonos “están en una burbuja” y que “cuando las tasas de interés reales a largo plazo se eleven, es probable que se eleven considerablemente rápido”.

De ser así, esto pudiera generar algunas inesperadas reacciones en cadena en las carteras de bonos y derivados de los inversionistas, los bancos y las compañías de seguros. Y si el Congreso estadounidense no logra elevar el techo de la deuda este otoño (primavera para el hemisferio sur), provocando un impago técnico en algunos bonos del Tesoro, también pudieran surgir más ciclos de retroalimentación.

No me malinterpreten. No estoy argumentando que tales choques sean inminentes o probables, pero el punto clave es éste: si queremos evitar una repetición de lo sucedido en 2007, debemos seguir cuestionando nuestras suposiciones y mirando con detenimiento las partes del sistema que parecen “aburridas” y “geeky”.

Nuestros contenedores mentales a veces pueden albergar bombas de tiempo; particularmente cuando los inversionistas están embriagados con un auge de los precios de los activos.

7 puntos clave en la renegociación por el Tlcan

Después de meses de bravata, explosiones y febril cabildeo por parte de la industria para salvar el pacto de 23 años que sirve de base a cómo se hacen negociaciones en más de un cuarto de la economía global, los funcionarios llegaron a Washington la semana pasada para comenzar a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan).

A continuación, se encuentran algunos temas importantes en las conversaciones del Tlcan.

1.- El reloj político sigue avanzando

Las tres partes han establecido un ambicioso calendario para las negociaciones con el objetivo de terminar las conversaciones a principios del próximo año. La razón principal de ese apremio es la política. Las elecciones mexicanas en julio de 2018 y las estadounidenses de mitad de mandato en noviembre de ese año juegan un papel preponderante. En particular, los funcionarios de Estados Unidos y México están preocupados por las encuestas que muestran al populista de izquierda Andrés Manuel López Obrador liderando la carrera presidencial. Si las negociaciones del Tlcan se retrasan, los funcionarios mexicanos temen que puedan verse envueltas en la campaña electoral, y los estadounidenses preferirían no negociar con López Obrador, quien ha acusado a Trump de conducir una “campaña de odio” contra México.

2.- Reducir el déficit

La administración de Trump ha convertido en su prioridad dominante el eliminar el déficit comercial anual de más de 60 mil millones de dólares con México durante las negociaciones. Eso concuerda con la misión del Trump de “Estados Unidos primero” para traer empleos de fabricación de vuelta al país. Pero no está claro cómo podría lograrse. La industria automotriz, que representa casi la totalidad del déficit, sostiene que los datos existentes distorsionan el comercio que ahora presencia automóviles y piezas cruzando la frontera, hacia y desde Canadá y México varias veces, y que es vital para su competitividad internacional. La preocupación mexicana es que Estado Unidos pudiera tratar de requerir que una cierta cuota de la manufactura se realizara dentro de Estados Unidos.

3.- Reescribir las “reglas de origen”

Cada acuerdo comercial contiene reglas que rigen la cantidad de producto que se necesita fabricar dentro de un bloque con el fin de calificar para los beneficios comerciales. La administración Trump ha calificado las “reglas de origen” del Tlcan como obsoletas, y argumenta que han contribuido a una migración de la manufactura a México. Ciertas personas dentro de la industria automotriz admiten que quizá sean necesarias algunas actualizaciones de las reglas para tomar en cuenta los nuevos componentes, como pantallas táctiles o baterías para automóviles eléctricos. Pero los líderes de la industria están luchando contra las propuestas para elevar el límite del 62,5 por ciento para los automóviles. Ellos argumentan que pudiera ser contraproducente para Estados Unidos porque el relativamente bajo 2,5 por ciento de arancel que Estados Unidos aplica a las importaciones de automóviles de fuera del Tlcan pudiera permitir a los fabricantes de automóviles salirse del acuerdo por completo.

4.- Camino hacia el “comercio regulado”

Un temor es que, en busca de una mejor balanza comercial, la administración Trump insista en imponer nuevas restricciones en la forma de un uso más extendido de las cuotas. Eso representaría un cambio hacia el llamado “comercio regulado”. Las cuotas ya son una característica del comercio dentro del Tlcan en el ámbito de los productos agrícolas sensibles, como el azúcar y los productos lácteos. Sin embargo, ir más allá en el Tlcan 2.0 pudiera ocasionar que cesen las conversaciones.

5.- Salarios más altos en México

Las tres partes han comenzado a describir la meta de las nuevas negociaciones como una “modernización” del Tlcan. Eso significa añadir capítulos sobre cosas como el comercio electrónico, pero la administración de Trump y los sindicatos estadounidenses también quieren que las nuevas normas laborales obliguen a subir los salarios en México y así reducir la ventaja de costos que atrae a las fábricas al sur de la frontera. México había aceptado nuevas reglas de salario mínimo como parte del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) que Trump desechó, y los sindicatos han argumentado que las reglas del TPP no fueron suficientemente estrictas.

6.- Disputa sobre resolución de disputas

Estados Unidos quiere desechar una característica del Tlcan conocida como el “Capítulo 19”, que permite a Canadá y México impugnar las medidas “antidumping” (contra la exportación de productos debajo del costo de producción) y otras medidas comerciales impuestas por Estados Unidos, pero ésa es una línea roja para Canadá, y la historia sirve de testigo de que es poco probable que Ottawa ceda.

7.- El riesgo político

Ni Canadá ni México ni la mayoría de los negocios de Estados Unidos querían reabrir el Tlcan. La principal razón (más allá de la economía) era el riesgo político, el cual aún persiste. Si se logra un acuerdo, no está claro si podrá sobrevivir una votación en el Congreso. Es casi seguro que los demócratas se opongan a cualquier cosa negociada por la actual administración, y muchos republicanos en pro del comercio también se sienten incómodos con algunas de las demandas de Trump.

China tiene más que perder en la confrontación con EEUU



El impacto inmediato de una guerra comercial entre Estados Unidos y China sería peor para Beijing, según un nuevo análisis de la exposición de las compañías multinacionales al mercado chino.

Tampoco los sectores de exportación de Estados Unidos y otros países desarrollados se verían significativamente afectados por una desaceleración económica en China, señala un informe elaborado por The Conference Board basándose en datos de exportación.

El grupo de presión corporativo con sede en Nueva York reveló que las exportaciones con valor agregado de Estados Unidos y la Unión Europea hacia China eran equivalentes a 0,7 por ciento y 1,6 por ciento, respectivamente, a las producciones económicas nacionales. Incluso en países vecinos, como Japón, la cifra era sólo 2,1 por ciento.

Las exportaciones de valor añadido de China hacia Estados Unidos, por el contrario, eran equivalentes a aproximadamente 3 por ciento de su producto interno bruto, lo que sugiere que Beijing tiene más que perder en cualquier enfrentamiento comercial con la administración Trump.

“Una guerra comercial entre Estados Unidos y China no parece ser una amenaza importante para la economía de Estados Unidos”, dijo Erik Lundh, un economista principal de The Conference Board.

Sin embargo, Lundh advirtió que los daños colaterales de una guerra comercial entre las dos economías más grandes del mundo serían considerables para ambas partes.

“Una guerra comercial entre Estados Unidos y China puede ser bastante dolorosa para Estados Unidos”, dijo, señalando que los consumidores estadounidenses serían afectados por la subida de los precios de los bienes importados.

La semana pasada, Steve Bannon, el polémico asesor político del presidente estadounidense Donald Trump quien fue destituido el viernes pasado, dijo que Estados Unidos y China están inmersos en una “guerra económica” en la que sólo puede haber un ganador.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China respondió que ambas partes sufrirían en caso de un aumento de fricciones comerciales entre los dos países.

En su informe publicado el lunes de la semana pasada, The Conference Board desglosa los datos comerciales tradicionales que trata, por ejemplo, un tractor canadiense vendido en China como una exportación totalmente canadiense aunque fue parcialmente construido con componentes de origen estadounidense. Las cifras de The Conference Board en cambio cuentan los componentes estadounidenses del tractor canadiense como exportaciones estadounidenses a China.

Del mismo modo, los componentes procedentes de Corea del Sur y Taiwán para los iPhone hechos en China que finalmente se venden en Estados Unidos cuentan como exportaciones coreanas y taiwaneses a Estados Unidos.

El informe reveló que aunque las exposiciones directa e indirecta de las compañías multinacionales a todo (desde las políticas monetarias chinas hasta el turismo saliente) “se están intensificando en términos de alcance y magnitud”, desde una perspectiva comercial “el mundo, por lo general, depende poco de China”.

Las excepciones notables son las de Corea del Sur y los grandes exportadores de recursos naturales como Australia, cuyas exportaciones con valor añadido a China son equivalentes al 6,8 y 4,4 por ciento, respectivamente, de sus producciones económicas anuales. Beijing ha utilizado su poder económico sobre Seúl, en un intento de impedir el despliegue de un sistema antimisiles estadounidense.

Las cifras comerciales que capturan la complejidad de las modernas cadenas de suministro, haciendo un seguimiento del origen de los componentes en lugar de sólo los productos acabados, tienden a mostrar que los desequilibrios comerciales bilaterales son, a menudo, exagerados.

En marzo, The Conference Board calculó que, basado en exportaciones de servicios y mercancías con valor añadido, el déficit comercial estadounidense con China en 2014 era de 200 mil millones de dólares, casi la mitad del déficit de 360 mil millones sobre la base de datos comerciales tradicionales.

China es el mayor importador de alimentos y energía del mundo, con compras de aproximadamente el 20 por ciento de las exportaciones mundiales en ambos sectores. También es el cliente dominante para muchos pequeños países ricos en energía. En 2015, China compró del 40 al 90 por ciento del petróleo crudo producido por Congo, Angola, Omán, Yemen y Sudán del Sur.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Ecuador vende su avión y autos por la crisis económica

“La situación económica requiere de medidas de austeridad”, la venta inmediata de los “automóviles de lujo del Gobierno” y la reducción del 10% en los salarios de los funcionarios de mayor nivel. Además se venderá el avión presidencial, dijo Lenin Moreno.



El expresidente ecuatoriano Rafael Correa tildó de “demagógicas e incompetentes” las decisiones de su sucesor, Lenín Moreno, luego de que éste dispusiera vender uno de los dos aviones presidenciales, inmuebles y automóviles de lujo en poder del Estado y bajar 10% el salario de altos funcionarios para capear la mala situación económica del país. Moreno dio a conocer estas medidas a través de un mensaje televisivo difundido la noche del lunes. Posteriormente, el mandatario agradeció “la comprensión de los servidores públicos de nivel jerárquico superior. Ustedes son los primeros en saber que su aporte para sortear la crisis es un gesto patriótico y solidario”. Argumentó que con el dinero que se recaude se impulsará su propuesta de campaña de construir 325.000 viviendas en cuatro años, más de la mitad sin costo para los futuros propietarios y el resto con una mínima cuota mensual. Moreno ha reconocido que la situación económica en que encontró el país es “crítica”, por lo que es necesario poner en marcha acciones de austeridad como la reducción del gasto público. Correa, quien actualmente vive en Bélgica después de gobernar Ecuador por más de diez años, replicó en Twitter: “¡Pura demagogia e incompetencia! Las medidas para enfrentar la crítica situación económica (en realidad, para pagar sus promesas de campaña y oscuros pactos políticos) es vender un avión presidencial, los “autos de lujo”, y los bienes de INMOBILIAR”. Además destacó: “que no sacrifiquen el avance del país por sus odios”, y cuestionó “¿cuándo empezarán a trabajar y se dejarán de mentiras y payasadas?... Recuerden: el cinismo, la traición y la mediocridad serán efímeros”. Correa, antiguo amigo de Moreno y compañero del partido de gobierno Alianza País, había dicho poco antes de dejar el poder que “la mesa queda servida” al destacar la buena marcha de la economía, pero según Moreno los hechos muestran algo diferente. Moreno asumió el poder el 24 de mayo para un periodo de cuatro años y todo apuntaba a que daría continuidad a la gestión de Correa, de quien fue vicepresidente, pero en las últimas semanas han surgido discrepancias y enfrentamientos a través de mensajes en redes sociales entre el exmandatario y el actual gobernante.