viernes, 20 de enero de 2017

Mercosur y Europa van por un pacto


Representantes de los países de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) y del Mercado Común del Sur (Mercosur) acordaron ayer en Davos empezar a negociar un acuerdo de libre comercio tras un periodo de encuentros exploratorios desde 2015.

“Firmamos un auspicioso acuerdo Mercosur-EFTA con representantes de ambos bloques", destacó en Twitter la canciller argentina, Susana Malcorra.

El acuerdo entre este grupo de países europeos, por un lado, con Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, por el otro, abre las negociaciones oficiales "para alcanzar un acuerdo completo de libre comercio", dijo en un comunicado la AELC, que agrupa a Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza.

En 2015 el comercio entre ambos bloques comerciales superó los $us 8.700 millones, según datos de la AELC. El bloque europeo exportó, entre otros, productos farmacéuticos ($us 1.400 millones), químicos orgánicos ($us 764 millones) y material para maquinaria ($us 462 millones).

Por su parte, importó de los países del Mercosur piedras preciosas y metales ($us 1.900 millones), químicos inorgánicos (859 millones de dólares), alimentos (357 millones) así como café, té y especias (259 millones). AFP/EFE

jueves, 19 de enero de 2017

Riesgos que amenazan el crecimiento global



Una posibilidad importante es que el motor económico está perdiendo fuerza.

¿Qué va a pasar con la economía mundial este año? La respuesta más verosímil es que va a crecer. Como sostuve en una columna publicada para esta época el año pasado, el hecho más asombroso de la economía mundial es que ha crecido cada año desde principios de la década de 1950. En 2017, es prácticamente seguro que volverá a crecer, posiblemente más rápido que en 2016, como argumentó Gavyn Davies de forma persuasiva. Entonces ¿qué puede salir mal?

La presunción de crecimiento económico es, probablemente, la característica más importante del mundo moderno. Pero el crecimiento consistente es un fenómeno relativamente reciente. La producción mundial se redujo en un quinto de todos los años entre 1900 y 1947. Uno de los logros de las políticas desde la Segunda Guerra Mundial fue hacer que el crecimiento sea más estable.

Esto se debe en parte a que el mundo evitó errores en la escala de las dos guerras mundiales y de la Gran Depresión. También se debe, como argumentó el economista estadounidense Hyman Minsky, a una gestión activa del sistema monetario; a una mayor disposición a incurrir en déficits fiscales durante las recesiones, y al aumento del gasto gubernamental en relación con la producción económica.

Detrás de la tendencia hacia el crecimiento económico se encuentran dos poderosas fuerzas: la innovación en las fronteras de la economía mundial, particularmente en EEUU, y la convergencia de las economías rezagadas. Las dos están relacionadas: cuanto más innovan las economías avanzadas, mayor es el margen de convergencia. Tomemos el ejemplo más poderoso de los últimos 40 años: China. En las cifras oficiales (posiblemente exageradas), el producto interno bruto (PIB) per cápita aumentó 23 veces entre 1978 y 2015. Sin embargo, China era tan pobre en el comienzo de esta colosal expansión que su PIB per cápita medio era sólo una cuarta parte de los niveles de EEUU en 2015. El crecimiento convergente sigue siendo posible para China. India tiene aún mayor espacio para crecer: su PIB per cápita fue de un décimo de los niveles estadounidenses en 2015.

La abrumadora probabilidad es que la economía mundial crezca. Además, es altamente probable que crezca en más de un 3 por ciento, medido a paridad del poder adquisitivo (PPA). La economía mundial ha crecido por menos de eso muy raramente desde principios de 1950. De hecho, ha crecido por menos del 2 por ciento en cuatro años desde entonces: 1975, 1981, 1982 y 2009. Los resultados de los tres primeros años se debieron a los choques de los precios del petróleo —provocados por las guerras en el Medio Oriente— y de la desinflación de la Reserva Federal (Fed). El último fue resultado de la Gran Recesión después de la crisis financiera de 2008.

Esto también es consistente con el patrón desde 1900. Tres tipos de choques parecen desestabilizar la economía mundial: guerras significativas; choques inflacionarios; y crisis financieras. Al preguntarse qué pudiera crear grandes riesgos a la baja para el crecimiento económico global, hay que evaluar los “tail risks” o riesgos de cola, de esta naturaleza. Muchos caen dentro de la categoría de "conocidos desconocidos".

Durante algunos años, los analistas se han convencido de que la flexibilización cuantitativa con certeza resulta en hiperinflación. Están equivocados. Pero un enorme impulso fiscal en EEUU, junto con la presión sobre la Fed para que no endurezca la política monetaria, pudieran generar inflación a mediano plazo y un choque desinflacionario posteriormente. Pero tal resultado de la "Trumpeconomía" no ocurrirá en 2017.

Si consideramos la posibilidad de crisis financieras globalmente significativas, dos posibilidades se destacan: la desintegración de la eurozona y una crisis en China. Ninguna es inconcebible. Sin embargo, ninguna tampoco parece probable. La voluntad de mantener la eurozona sigue siendo sustancial. Y el Gobierno chino posee las palancas que necesita para evitar una verdadera crisis financiera. Los riesgos en la eurozona y en China son incuestionablemente reales, pero también son pequeños.

Un tercer conjunto de riesgos es geopolítico. El año pasado me referí a la posibilidad del Brexit y a la "elección de un ignorante belicoso" a la Presidencia de EEUU. Ambas han ocurrido. Las implicaciones de este último hecho siguen siendo desconocidas. Es demasiado fácil enumerar otros riesgos geopolíticos: severas tensiones políticas en la Unión Europea (UE), tal vez incluyendo la elección de Marine Le Pen a la Presidencia francesa y un renovado flujo de refugiados; el revanchismo del presidente ruso Vladímir Putin; la fricción venidera entre el agraviado EEUU de Donald Trump y la ascendiente china de Xi Jinping; la fricción entre Irán y Arabia Saudita; el posible derrocamiento de la familia real saudí, y la amenaza de guerra yihadista. No hay que olvidar el riesgo de una guerra nuclear: basta con mirar las ambiciones militares de Corea del Norte, el conflicto irresoluto entre India y Pakistán, y las amenazas del Sr. Putin.

En 2016, el riesgo político no tuvo mucho efecto sobre los resultados económicos. Este año, las acciones políticas pudieran tenerlo. Un peligro evidente es una guerra comercial entre EEUU y China, aunque los efectos a corto plazo pueden ser menores de lo que muchos pudieran suponer: el riesgo es, más bien, a largo plazo.

Una importante posibilidad a más largo plazo es que el motor económico subyacente esté perdiendo fuerza. La convergencia todavía tiene gran potencial. Pero el dinamismo económico ha disminuido en el núcleo. Un indicador es la caída del crecimiento de la productividad. Otro es las tasas de interés reales ultrabajas. Trump promete un resurgimiento del crecimiento tendencial estadounidense. Esto es poco probable, sobre todo si sigue una trayectoria proteccionista. Sin embargo, la preocupación debiera ser menos sobre lo que sucederá este año y más sobre si el avance de la frontera de la innovación se ha desacelerado de manera duradera, como lo sostiene Robert Gordon.

Una buena suposición entonces es que la economía mundial crecerá entre 3 y 4 por ciento este año, en PPA. Es aún mejor suponer que las economías emergentes, nuevamente lideradas por Asia, continuarán creciendo más rápidamente que las economías avanzadas. Existen substanciales riesgos de cola de tales resultados.

Cómo Obama rescató la economía estadounidense



¿Cómo debiéramos evaluar el éxito o el fracaso económico de la presidencia de Barack Obama?

Ésta es una pregunta difícil de responder. Después de todo, el titular de la Casa Blanca no puede determinar el desempeño de la enorme y compleja economía estadounidense. De hecho, las iniciativas políticas suelen tener un modesto impacto. Pero la historia de la presidencia de Obama es un poco diferente de lo habitual, ya que comenzó en medio de la peor crisis financiera desde la década de 1930. Si tomamos en cuenta el desastre que heredó y la determinación de los congresistas republicanos en asegurarse de que el presidente fracasara, su desempeño es evidentemente un éxito. Esto no significa que sea perfecto. Tampoco significa que EEUU enfrente pocos desafíos económicos. Ninguna de estas declaraciones estaría cerca de ser correcta. Sin embargo, significa que Obama ha establecido una sólida base.

El último Informe Económico del Presidente analiza el desempeño de Obama. También es el resumen para la defensa. Pero el Consejo de Asesores Económicos de Obama realiza un excelente análisis. Este informe no es una excepción a esa regla.

El punto de partida debe ser la herencia del presidente Obama: la economía estaba en caída libre a principios de 2009. Tal y como apunta el informe de manera perfectamente correcta: "Es fácil olvidar lo cerca que estuvo la economía estadounidense de caer en una depresión absoluta durante la crisis. De hecho, mediante una serie de medidas macroeconómicas . . . el primer año de la Gran Recesión . . . fue testigo de descensos más grandes que al comienzo de la Gran Depresión en 1929-30".

La responsabilidad de la exitosa recuperación no depende únicamente de esta administración: la administración de George W. Bush fue responsable de la respuesta inmediata (aunque conllevaba cierta responsabilidad por la gravedad de la crisis); la Reserva Federal (Fed) de EEUU actuó con eficacia; y el Congreso aprobó legislación importante. Sin embargo, sorprendentemente, la mayoría de los congresistas republicanos se opusieron a todas las medidas monetarias, financieras y fiscales significativas tomadas para lidiar con la crisis.

El Gobierno del presidente Obama implementó una serie de importantes medidas fiscales, en particular la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009. También proporcionó un sólido apoyo moral a la Fed (incluyendo la reelección de Ben Bernanke, quien había sido nominado por el presidente Bush). La administración también restauró el sector financiero más rápidamente de lo esperado y llevó a cabo un rescate de la industria automovilística enormemente exitoso.

Mientras tanto, los republicanos denunciaron el estímulo fiscal, quejándose de los enormes déficits fiscales causados por la crisis. Sin embargo, era tan absurdo quejarse de los déficits en ese momento como lo es reducir los impuestos actualmente, cuando la economía parece estar cerca del pleno empleo. Algunos republicanos afirmaron que las políticas de la Fed corrían el riesgo de causar hiperinflación. La mayoría se opuso a la re-regulación del sector financiero y atacó despiadadamente el rescate financiero de la industria automovilística. Sin embargo, el presidente electo Donald Trump pudiera no estar en condiciones de intimidar a los fabricantes de automóviles en la actualidad si no hubieran sido rescatados en aquel entonces.

Considerándolo todo, dado el punto de partida, el desempeño de la economía ha sido excepcional. La tasa de desempleo ha caído constantemente más rápidamente de lo esperado. Las empresas estadounidenses también han añadido 15,6 millones de empleos desde que el crecimiento del empleo en el sector privado se volvió positivo en 2010. El crecimiento de los salarios reales ha sido más rápido en el ciclo actual que en cualquier otro desde principios de la década de 1970. Durante el tercer trimestre de 2016, la economía era 11,5 por ciento más grande que en su pico anterior a la crisis, y el producto interno bruto (PIB) per cápita real estaba un 4 por ciento por encima del pico anterior a la crisis, mientras que el de la eurozona seguía siendo inferior. El patrimonio neto de los hogares también ha alcanzado el 50 por ciento por encima de su nivel de 2008.

Sin embargo, el presidente Obama estaba interesado en algo más que la recuperación económica. Él intentó acercar a EEUU al estatus de otros países de altos ingresos en los que el seguro de salud universal se considera un hecho. Se estima que la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible ("Obamacare") ha agregado 20 millones de adultos y 3 millones de niños a las listas de seguros. Los costos del cuidado médico también han aumentado de una manera excepcionalmente lenta desde que se promulgó la ley en relación con el desempeño estadounidense anterior.

Éstos son todos genuinos logros. Sin embargo, algunos problemas no se pudieron curar.

Primero, los resultados económicos estadounidenses se han vuelto excepcionalmente desiguales, a pesar de un cambio modestamente progresivo en el impacto de la política fiscal bajo el presidente Obama. Hacer algo eficaz al respecto estaba más allá de sus poderes, tanto porque es difícil como porque sus oponentes no tenían ningún interés en ayudar.

En segundo lugar, la participación en la fuerza laboral de los hombres en edad productiva (de 25 a 45 años) ha estado en una tendencia a la baja durante los últimos 60 años, mientras que la de las mujeres de edad productiva se ha paralizado durante tres décadas. Estas cifras indican un pobre desempeño según los estándares de la mayoría de las economías de altos ingresos. Es imposible argumentar con credibilidad que éste es el resultado de beneficios de asistencia pública particularmente generosos en EEUU o de salarios mínimos particularmente altos. El fracaso es más profundo.

En tercer lugar, el crecimiento de la productividad laboral se ha desacelerado marcadamente aunque, entre 2005 y 2015, todavía fue más alto que el de otros miembros de los más importantes países de altos ingresos del Grupo de los siete (G7). Las razones de esta desaceleración son un enigma. Las posibilidades incluyen el debilitamiento de la inversión empresarial y una más amplia pérdida de los ‘espíritus animales’ poscrisis. También es probable que el ritmo de innovación subyacente esté disminuyendo. Algunos argumentan que esto es el resultado de excesiva regulación. La próxima administración está preparada para probar esa hipótesis hasta la destrucción.

Por último, EEUU tiene un papel clave que desempeñar en la lucha contra la amenaza de un cambio climático incontrolado. Ante la ausencia de un consenso sobre este asunto en EEUU, Obama dependió de sus acciones ejecutivas, que ahora presumiblemente serán revertidas.

A fin de cuentas, la administración rescató la economía estadounidense y le legó a su sucesor una base sólida sobre la cual puede continuar construyendo. Pero cometió un gran error: no hizo todo lo posible por castigar a aquellos cuya malversación e irresponsabilidad hicieron explotar el sistema financiero y la economía. Este sentimiento de injusticia es una de las razones por las que EEUU ha elegido al ‘equipo de demolición’ que está a punto de asumir el poder. Obama no pudo canalizar la rabia. Trump, por desgracia, sí puede.

Alza del precio de las tortillas aumenta presión en México



Enrique Peña Nieto no sabía cuánto costaba un kilo de tortillas, alimento básico de México, cuando un entrevistador le preguntó sobre ello durante las elecciones de 2012. Ahora, la tarea más urgente del presidente es asegurarse de que el costo de las tortillas y otros productos básicos no se dispare.

La inflación, estimulada por la aparentemente imparable caída del peso frente al dólar, ya se había acelerado desde mínimos históricos hasta su nivel más alto en dos años, incluso antes de que el Gobierno iniciara el nuevo año con un aumento del 20 por ciento en los precios del combustible. Con el temor de que la agenda proteccionista de Donald Trump cause estragos en la economía mexicana, el pesimismo está aumentando.

Si el costo de los pilares de la dieta mexicana tales como tortillas, huevos, leche y pollo empieza a elevarse, el impopular Gobierno puede esperar que las protestas aumenten en un país donde casi la mitad de la población vive en la pobreza.

Hermenegildo Jiménez, quien hace tortillas en una pequeña tienda en un barrio de clase obrera de la Ciudad de México, calcula que esta semana tendrá que aumentar el precio de un kilo a 14 pesos desde los actuales 12 pesos; un desagradable aumento del 17 por ciento para estos discos de maíz que los mexicanos enrollan, rellenan, fríen, hornean, y mojan en salsa de miles de maneras cada día.

El aumento del precio del combustible desencadenó saqueos masivos, cientos de arrestos y una ola de protestas en todo México, que las torpes explicaciones de Peña Nieto han hecho poco por tranquilizar. El peso ha llegado a nuevos mínimos históricos.

Una ola de escándalos de corrupción, el empeoramiento de la economía y la creciente inseguridad ya han reducido los índices de aprobación del presidente hasta mínimos históricos de cara a las elecciones del año próximo en las que un candidato populista, Andrés Manuel López Obrador, ya es el favorito.

El peso superó brevemente la barrera de los 22 por dólar el 11 de enero pasado mientras Trump celebraba su conferencia de prensa en Nueva York, en la que dijo que esperaba que más compañías de automóviles trasladaran sus operaciones a EEUU. La moneda se ha visto afectada por los incendiarios mensajes en Twitter del presidente electo, quien ha prometido imponer aranceles punitivos a los fabricantes que producen vehículos en México. Muchos temen que la decisión tomada por Ford en semanas pasadas de descartar la fabricación de una planta de $us 1,6 mil millones en México, y la admisión de Fiat Chrysler de que los aranceles podrían hacer que producir coches en México no sea económico, es sólo el comienzo.

En comentarios muy poco tranquilizadores, Peña Nieto advirtió que el aumento del precio del combustible — necesario porque el Gobierno no puede permitirse continuar subsidiando los crecientes costos de la gasolina y el diésel — es sólo uno de los muchos retos de este año.

Incluso si las políticas de Trump resultan benignas, parece probable que la incertidumbre retrase las inversiones y provoque una brusca desaceleración del crecimiento. Algunos economistas incluso temen una recesión. Muchos mexicanos hastiados sólo piensan que ésta es una película que ya han visto antes.

En un esfuerzo por tranquilizar la furia popular, Peña Nieto anunció la semana pasada un impresionante pacto con empresarios y dirigentes sindicales, con la promesa de evitar alzas desproporcionadas de precios a raíz de los mayores costos del combustible. Pero era tan poco detallado que la Coparmex, uno de los dos grandes grupos de presión empresariales de México cuyos miembros representan el 30 por ciento del PIB, se negó a firmar.

Pero el Gobierno insiste en que no hay excusa para que los precios aumenten tanto como el combustible, afirmando que "el aumento del precio del diésel sólo debe sumar, como máximo, 5 centavos al costo de un kilo de tortillas".

El BCE mantiene los tipos de interés en el 0 % para impulsar los precios



El Banco Central Europeo (BCE) informó este jueves de que mantiene los tipos de interés en el 0 % para impulsar los precios porque la reciente subida de la inflación se debe básicamente al encarecimiento de la energía tras la subida del petróleo y no a un cambio de tendencia.

Asimismo el BCE también decidió dejar inalterada la tasa de interés de la facilidad marginal de crédito, a la que presta el dinero a un día, en el 0,25 %.

También ha mantenido la tasa de interés a los depósitos de los bancos a un día en el -0,40 %, lo que les cobra por el exceso de reservas.

El BCE espera que sus "tasas de interés rectoras seguirán al nivel actual o más bajas por un periodo de tiempo prolongado, y bien pasado el horizonte de las compras de deuda".

El BCE confirmó que va a comprar hasta marzo deuda pública y privada de la zona del euro por valor de 80.000 millones de euros mensuales y que a partir de abril reducirá el volumen de compra a 60.000 millones de euros durante nueve meses más, hasta diciembre.

La entidad monetaria hizo hincapié en que incrementará el volumen de compras o su duración si las perspectivas se vuelven menos favorables o si las condiciones financieras impiden que la inflación se acerque al 2 %.

La tasa de inflación interanual se situó en diciembre pasado en el 1,1 % en la zona del euro, cinco décimas más que en noviembre, pero este repunte se debe a los precios de la energía y los alimentos frescos y no a un cambio de tendencia.

La inflación subyacente, que descuenta los elementos más volátiles como la energía y los alimentos, fue del 0,9 % en diciembre.

Los analistas del Instituto de Finanzas Internacionales (IFI) consideran que aumenta la presión sobre el BCE para que finalice las compras porque mejoran las perspectivas de inflación y crecimiento.

La subida de la inflación habrá sido el argumento de quienes están a favor de que el BCE comience a considerar cuándo va a reducir los estímulos y modificar su mensaje, pero es poco probable que el inicio de la retirada de los estímulos monetarios se haya puesto ya sobre la mesa, según los expertos del IFI.

"Serán necesarios cambios significativos en las perspectivas de crecimiento e inflación para que el BCE vuelva a considerar la configuración de su política (monetaria) anunciada en diciembre", considera el economista jefe para la zona del euro de uniCredit, Marco Valli.

Dependiendo de lo que ocurra los próximos meses el BCE decidirá si prolonga las compras de deuda más allá de diciembre y comienza a reducir el volumen de compras en 2018.

El ritmo de reducción de las adquisiciones dependerá de lo que ocurra con la inflación subyacente.

El BCE tiene como objetivo lograr una tasa de inflación a medio plazo cercana pero por debajo del 2 % pero todavía se encuentra un poco lejos. (19/01/2017)

martes, 17 de enero de 2017

Economía latinoamericana retomará un modesto crecimiento en 2017, según la ONU



La economía de Latinoamérica y el Caribe volverá a crecer en 2017 aunque a un ritmo modesto, de un 1,3 por ciento, tras dos años continuos de contracción, según un informe elaborado por economistas de la ONU sobre la situación y perspectivas de la economía mundial.

La tendencia se reforzará en 2018 en esa región, con un crecimiento proyectado del 2,1 por ciento, tras un 2016 en el que se estima que la contracción económica en la región llegó al 1 por ciento.

"No es un panorama brillante, particularmente para Sudamérica", opinó hoy el jefe de la División de Macroeconomía del Organismo de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), Alfredo Calcagno, en la presentación del informe a la prensa.

Explicó que la previsión mejorada para este año se debe en buena medida a la "recuperación cíclica que puede esperarse en Brasil y Argentina, tras la contracción significativa que han experimentado sus economías".

Sin embargo, el experto aclaró que esa estabilización "se debe a que cayeron mucho y no a que estén en el buen camino del crecimiento".

A corto plazo, el crecimiento de las dos principales economías sudamericanas tendrá como factores principales el aumento de la demanda externa, la estabilización del precio de las materias primas y la aplicación de políticas de flexibilización monetaria, acompañadas de baja inflación.

De manera general, los analistas de la ONU consideran que la situación y proyecciones en México, Centroamérica y el Caribe son más positivas que en Sudamérica, ya que sus economías son menos dependientes de la exportación de materias primas.

Sin embargo, para toda Latinoamérica las previsiones han sido rebajadas recientemente al conocerse que la actividad económica en Estados Unidos no fue tan robusta como se esperaba, así como por la persistencia de problemas estructurales.

Los mayores y de mayor impacto son el desempleo, la elevada deuda, el bajo crecimiento de la productividad y una débil capacidad institucional.

En estas circunstancias, la economía de Sudamérica se contrajo por segundo año consecutivo en 2016, en un 2,3 por ciento el año pasado y 1,9 por ciento el año anterior, arrastrada por el declive acumulado del 8 por ciento de la economía de Brasil entre 2014 y 2016.

Distintos riesgos externos pondrán igualmente a prueba este año la solidez de las condiciones económicas en Latinoamérica, como la desaceleración de la economía de China, la eventual adopción de políticas proteccionistas en Estados Unidos y las posibles nuevas turbulencias en los mercados financieros.

Este último escenario ocurriría en caso de un aumento más rápido de lo esperado de las tasas de interés en Estados Unidos, explica el informe.

Los economistas consideran que Perú y Bolivia son dentro de la región los casos a destacar porque consiguieron escapar de la tendencia negativa gracias a un fuerte nivel de consumo público y privado.

China defiende la globalización frente al proteccionismo


El presidente de China, Xi Jinping, afirmó hoy que muchos de los problemas del mundo no han sido causados por la globalización económica, pero admitió que ha generado nuevas dificultades y que hay que contrarrestar su impacto negativo y asegurar que sus beneficios lleguen a todos los países.


"No sirve nada culpar a la globalización por los problemas del mundo. Simplemente no es el caso y no ayudará a resolver" las dificultades, señaló Xi en su discurso de inauguración del Foro Económico Mundial que se celebra en la estación alpina de Davos.