martes, 21 de julio de 2015

La rendición condicional de Alemania

En lugar de arriesgar su reputación, el Gobierno de Merkel ha acordado otro plan de rescate griego.

Europa se despertó el lunes de la semana pasada para leer una gran cantidad de titulares sobre la humillación de Grecia, el triunfo de una todopoderosa Alemania y la subversión de la democracia en Europa.

Eso es absurdo. Si alguien ha capitulado, es Alemania. El Gobierno alemán acordó, en principio, otro plan de rescate de miles de millones de euros para Grecia (el tercero hasta ahora). A cambio, ha recibido promesas de reforma económica de un gobierno griego que deja claro que está profundamente en desacuerdo con todo lo que ha aceptado.

El Gobierno de Syriza claramente hará todo lo posible para frustrar el acuerdo que acaba de firmar. Si eso es una victoria alemana, me hubiera gustado ver una derrota.

Las críticas sobre el desastroso estado de la democracia en Grecia también son una tontería. El referéndum griego del 5 de julio fue, en esencia, un voto para que el resto de la eurozona le siguiera prestando miles de millones a Grecia, pero con condiciones fijadas en Atenas. Eso nunca fue realista. El verdadero obstáculo a la libertad de las acciones de Grecia no es la naturaleza antidemocrática de la Unión Europea. Es el hecho de que Grecia está quebrada.

Gran parte de la crítica sobre la pérdida de la soberanía griega, dentro del marco del acuerdo, se ha centrado en la idea de que Grecia tendrá que privatizar 50 mil millones de euros en activos, y que los extranjeros supervisarán el fondo con sede en Atenas. Dado el historial de corrupción y clientelismo de los últimos gobiernos griegos, esto suena como una muy buena idea. Pero la profunda oposición de Syriza a la privatización hace que sea poco probable que recauden 50 mil millones de euros.

Sin duda, el dilema para los griegos comunes es horrible. Estuve en Atenas la semana pasada y me sentí muy mal por muchas de las personas que conocí, que temen por sus empleos, sus ahorros y el futuro. Pero la idea de que todo esto es culpa de los europeos crueles que han impuesto medidas de austeridad en un país saludable, es una fantasía neo-izquierdista. Grecia ha sido mal gobernada durante décadas y estaba viviendo más allá de sus medios.

Cuando llegó la crisis, el Gobierno griego estaba ejecutando un déficit presupuestario de más del 10 por ciento del producto interno bruto y el sector privado se negaba a prestar al país. Sin los préstamos concedidos a Grecia por el Fondo Monetario Internacional y la UE, los ajustes hacia la austeridad habrían sido instantáneos y mucho más brutales. La idea de que los acreedores de Grecia han sido totalmente inflexibles también es falsa. Los acreedores del sector privado sufrieron un "recorte" en 2012 y los pagos de la deuda griega se han ampliado a futuro.

Mientras tanto, los alemanes, holandeses, finlandeses comunes y otros también tienen todo el derecho a sentirse ofendidos. Cuando se unieron al euro, se les dijo que había una cláusula de "no rescate" en la creación de la moneda única.

Ésta estaba destinada a tranquilizar a los contribuyentes que nunca tendrían que pagar las cuentas de otros países de la eurozona.

Claramente no fue así. Ya ha habido rescates para España, Portugal e Irlanda (así como tres paquetes para Grecia). Un nuevo préstamo de 85 mil millones de euros para Grecia es casi el doble del PIB anual de Serbia, un país de tamaño medio en la misma región. Y aunque se dice que los europeos se niegan mezquinamente a cancelar las deudas griegas, en realidad es bien sabido que es muy poco probable que Grecia jamás pague los 320 mil millones de euros que ya debe.

Sin duda, llama la atención que las denuncias más vocales de la mezquindad de la eurozona, al negarse a cancelar las deudas de Grecia, han venido de los economistas con sede en países cuyos contribuyentes no están involucrados en el asunto.

Esta última versión de la crisis griega también ha visto mayores tensiones entre Francia y Alemania. El Gobierno francés emergió como el promotor de mantener a Grecia dentro del euro y de aliviar la austeridad. Francia, sin duda, tiene motivos honorables para defender a Grecia (así como razones egoístas para tratar de revertir la austeridad en Europa). Éste es un país que no ha pasado un presupuesto equilibrado desde mediados de la década de 1970. A los gobiernos franceses les resulta casi tan duro sacar adelante las reformas estructurales de su economía como a sus homólogos griegos.

En cuanto a los alemanes, en la última cumbre, estaban coqueteando claramente con la idea de obligar a Grecia a salir de la eurozona. Cambiaron de postura después de numerosas advertencias, como la emitida por el ministro de Relaciones Exteriores de Luxemburgo, quien sostuvo que la acción sería "fatal para la reputación de Alemania en la UE y en el mundo".

En lugar de arriesgarse a tales consecuencias, el Gobierno alemán ha acordado otro rescate para Grecia. Sin embargo, en realidad, el euro ya está envenenando la actitud de Alemania hacia Europa y de Europa hacia Alemania.

Toda la saga trae a la mente una frase del gran alemán, Karl Marx: "La historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa". El último acuerdo de la deuda griega es a la vez una farsa y una tragedia.

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