martes, 28 de julio de 2015

Creciente recesión e investigación sobre corrupción revelan podredumbre generalizada en Brasil

La incompetencia, la arrogancia y la corrupción han destrozado el hechizo mágico de Brasil. Combinadas con el fin del auge de los productos básicos, han llevado a la octava mayor economía del mundo a una profunda recesión. El escándalo de corrupción que se desarrolla en Petrobras, la compañía petrolera estatal, sólo agrava la podredumbre. Más de 50 políticos y decenas de hombres de negocios están bajo investigación por recibir 2,1 mil millones de dólares en sobornos. Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente, ha sido acusado de tráfico de influencias. Cada vez hay más rumores de que la presidenta Dilma Rousseff –siete meses después de haber asumido su segundo mandato– puede ser sometida a juicio político. Eso parece todavía poco probable, pero las probabilidades aumentan cada día.

Dos fuerzas principales están escalando la crisis. La primera es el manejo de la economía por parte de Rousseff.

A su favor cabe mencionar que se ha retractado de la fracasada "nueva matriz económica" impulsada por el Estado durante su primer mandato. Se han elevado las tasas de interés para vencer la inflación. Su Ministro de Finanzas, de línea dura, ha intentado reducir el gasto. Estas medidas correctivas, necesarias pero dolorosas, han reducido los salarios reales, afectado el empleo y reducido la confianza empresarial. También han destruido los índices de aprobación de Rousseff hasta llevarlos a los niveles más bajos de la historia. Esto ha debilitado aún más su control sobre los socios de la coalición, cuyo apoyo necesita para impulsar las medidas de austeridad a través de la asamblea legislativa.

Sin embargo, la mayor razón es el escándalo de corrupción. Aunque ella presidió la junta directiva de Petrobras de 2003 a 2010, pocos creen que en realidad Rousseff sea corrupta. Sin embargo, eso no significa que esté a salvo. Rousseff enfrenta acusaciones de que su Gobierno rompió las regulaciones de financiamiento de la campaña para la reelección y adulteró las cuentas públicas; cualquiera de las dos puede ser suficiente para un juicio político.

Hasta ahora, los políticos de Brasilia han preferido que Rousseff permanezca en el poder, y asuma las consecuencias de los problemas del país. Pero este cálculo podría cambiar conforme intentan salvarse a sí mismos. La semana pasada se produjo una gran advertencia, cuando el presidente del congreso se alió con la oposición después de que fuera acusado en la investigación a Petrobras, alegando que era una cacería de brujas del gobierno. Peor aún sería si Lula da Silva fuera procesado. Eso profundizaría su distanciamiento con Rousseff, exprotegida, y podría favorecer su juicio político.

No es extraño que el Brasil de hoy en día haya sido comparado con una película de horror sin fin. Sin embargo, la manipulación de Brasil del escándalo de corrupción también está produciendo muchas cosas positivas.

El afán de la investigación a Petrobras demuestra la fortaleza de las instituciones democráticas de Brasil. En un país donde los poderosos se consideran por encima de la ley, Marcelo Odebrecht, jefe de la mayor compañía de construcción de Brasil, está bajo arresto. Esta semana, tres ejecutivos de Camargo Corrêa, otra compañía de construcción, fueron condenados a más de 10 años de prisión.

Varios funcionarios portugueses y latinoamericanos (en Perú, Colombia, Ecuador y Panamá) ahora también están investigando los contratos internacionales de Odebrecht. Éste niega irregularidades, pero tiene una filial en Estados Unidos y vendió bonos en Nueva York, por lo que podría enfrentar acciones legales por parte de Estados Unidos también.

Presumiblemente muchas otras compañías latinoamericanas enfrentan restricciones legales similares, teniendo en cuenta los miles de millones de dólares de bonos estadounidenses que han vendido. Los inversionistas se han preocupado sobre todo por ese riesgo, en vistas del repunte del dólar y el aumento de las tasas de interés estadounidenses. Pero si también hace que los políticos y los líderes de compañías lo piensen dos veces antes de pagar un soborno, eso ya representaría un avance importante en la lucha regional contra la corrupción.

En cuanto a Brasil, Rousseff enfrenta tres solitarios años como presidenta. Los brasileños son pragmáticos, por lo que se podría evitar el peor escenario de un caótico juicio político. Aún así, los mercados han comenzado a tener en cuenta el riesgo. Es muy posible que lo peor para Brasil aún esté por venir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario