domingo, 14 de agosto de 2016

La misma ira es responsable por Trump y por el Brexit

Durante la convención demócrata la semana pasada, yo experimenté una incómoda sensación de déjà vu. Adornando la arena se hallaba el eslogan de la campaña de Hillary Clinton: "Más fuertes juntos”. Era un triste recordatorio del eslogan de la campaña perdedora del referendo del Reino Unido para continuar como miembro de la UE: "Más fuertes dentro”.

Esta similitud representa más que una desafortunada coincidencia. Me gustaría señalar tres paralelismos entre el Brexit y el "fenómeno Trump” que debieran preocupar a la campaña de Clinton. El primero es la potencia de la inmigración como problema. El segundo es cómo las campañas de Trump y del Brexit se han convertido en vehículos para los votos de protesta contra la inseguridad económica. El tercero es la brecha entre la opinión de la élite y la de la clase trabajadora de raza blanca.

Tanto la campaña de Trump como la del Brexit colocaron la promesa de controlar la inmigración en el centro de sus operaciones. En el Reino Unido, la demanda de los partidarios del Brexit de "retomar el control” se interpreta, sobre todo, como una promesa de detener el flujo de inmigrantes proveniente de Europa. La promesa de campaña más famosa de Trump es "construir el muro” y detener la inmigración ilegal desde México hacia EEUU.

Migración: problema común

Tanto en el Reino Unido como en EEUU, la inmigración se ha convertido en un poderoso símbolo de la supuesta inclinación de la élite de socavar las condiciones de vida de la clase trabajadora al permitir la entrada de mano de obra barata proveniente del extranjero. Las campañas del Brexit y de Trump también fusionaron la ansiedad acerca de la inmigración con el miedo al terrorismo. Trump ha -infamemente- exigido prohibir la entrada a todos los musulmanes a EEUU. La campaña del Brexit usó carteles cuyo contenido estaba relacionado con la crisis de refugiados en la UE, aprovechándose de las preocupaciones sobre un flujo de inmigrantes musulmanes
provenientes del Medio Oriente.

En el caso del Reino Unido, la campaña para permanecer nunca encontró una manera de lidiar con la ansiedad del público sobre la inmigración, y los demócratas pueden estar cayendo en la misma trampa. La declaración de Clinton la semana pasada de que "No vamos a construir un muro” atrajo una gran cantidad de aplausos durante la convención. Pero la experiencia británica sugiere que las declaraciones de este tipo pueden interpretarse simplemente como una negativa a involucrarse con las preocupaciones públicas acerca de la migración. Trump sin duda está sustentando ese argumento, tuiteando recientemente que "la visión de Hillary es un mundo sin fronteras donde los trabajadores no tienen ni poder, ni empleos, ni seguridad”.

La pretensión de Trump de luchar por los pobres y por quienes tienen empleos precarios también es políticamente poderosa. Algo similar funcionó en el Reino Unido, en donde la campaña para permanecer fracasó en prever que el referendo se convertiría en un vehículo para los votos de protesta acerca de los empleos y del nivel de vida. En el Reino Unido, la mayoría de la gente no vio ningún aumento en los salarios reales desde la crisis financiera de 2008, y muchas regiones del país sufren un estancamiento económico durante décadas.

El desánimo de los oriundos

Después de la votación del Brexit, el periodista John Lanchester anotó: "Nacer en muchos lugares en el Reino Unido es sufrir una irreversible derrota de por vida: un truncamiento de oportunidades, de educación, de acceso al poder, de expectativa de vida”. Lo mismo pudiera decirse de muchas áreas en EEUU donde los salarios medios reales disminuyeron durante las últimas décadas.

La expectativa de vida de los estadounidenses de raza blanca sin un título universitario también cayó desde el año 2000, impulsada, según The New York Times, por una "epidemia de suicidios y aflicciones resultantes del abuso de drogas”. Una encuesta de Harris publicada en 2015 mostró que el 85% de los estadounidenses creen que ellos no les importan a los dirigentes del país y que el 81% de los encuestados creen que los ricos se enriquecen cada vez más, mientras que los pobres se empobrecen cada vez más.

El enorme problema de Clinton es que ella personifica la clase política dirigente que una gran mayoría de estadounidenses actualmente parece despreciar. Los demócratas señalan el punto obvio de que la vida de Trump es un monumento a su indiferencia ante la gente común y corriente. Pero cuanto más se unan la élite estadounidense y los "medios de comunicación convencionales” contra Trump, más se pondrá de relieve su condición de candidato antisistema.

Algunas personas argumentan que la base de Trump entre la clase trabajadora de raza blanca es demasiado pequeña para concederle la victoria en noviembre. Pero puede que ese problema no se aplique a esta elección si los republicanos aumentan significativamente el número de votantes. Una vez más, la experiencia del Reino Unido es relevante. Los votantes de la clase trabajadora -quienes no se habían molestado en votar durante recientes elecciones generales- aseguraron la victoria del Brexit.

En el Reino Unido, la desconexión de la élite política con la opinión de la clase trabajadora llevó a la mayoría de los comentaristas a desestimar las numerosas encuestas de opinión que sugerían que el Reino Unido iba a votar por salirse. En EEUU, la semana pasada me encontré con una incredulidad similar entre un sinnúmero de expertos estadounidenses cuyo horror en relación con Trump les hace casi imposible tolerar la idea de que él pudiera ser su próximo presidente.

Campañas diferentes

Las similitudes entre las campañas del Brexit y la de Trump son sorprendentes, pero también existen importantes diferencias. La más obvia es que, si bien la campaña del Brexit utilizó un "mensaje subliminal” con el fin de atraer a aquellos con sentimientos racistas, la de Trump está utilizando un mensaje brutalmente directo.

Los defensores más prominentes del Brexit, tales como Boris Johnson y Michael Gove, se esforzaron por seguir siendo exteriormente afables durante la campaña. Por el contrario, Trump se ha especializado en ser errático y abusivo.

Es posible que el comportamiento de Trump ofenda a suficientes votantes para entregarle la victoria a Clinton en noviembre. Pero, después de haber pasado por el Brexit, no contaría con eso.

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