miércoles, 31 de mayo de 2017

¿Financia Goldman Sachs al gobierno de Nicolás Maduro?

En principio, si hay una empresa que esté en las antípodas del Gobierno de Venezuela es Goldman Sachs, el banco que para muchos simboliza todo lo malo de Wall Street, y al que Donald Trump, en las fases más populistas de su campaña, atacó incesantemente, antes de ganar las elecciones y llenar su gabinete con directivos procedentes de él, incluyendo al número dos de la entidad, Gary Cohn.

Y, sin embargo, la oposición venezolana se manifestó ayer frente a la sede de Goldman, en Nueva York. La razón es el hecho de que la firma ha comprado en el mercado secundario 2.800 millones de dólares (2.500 millones de euros) de deuda de la petrolera estatal venezolana PDVSA. Según la oposición al régimen de Nicolás Maduro, eso ha sido como entregar un balón de oxígeno financiero a un país que a pesar de tener las mayores reservas de petróleo del mundo vive una crisis económica de proporciones inimaginables, con una caída del PIB del 27% en tres años y una inflación del 720% este año.

Claro que también podría ser lo contrario. O sea, que Goldman Sachs apueste por una mejora de la situación del país. Los bonos de PDVSA fueron emitidos en 2014, y el banco central venezolano los adquirió. Ahora los ha vendido, a través del broker con sede en Londres Dinosaur Group, a un precio del 31% del valor de emisión.

Eso indica que Goldman ha pagado 800 millones de dólares por unos activos que valen, en teoría, 2.800 millones, y que vencen en 2022. El banco cree que las cosas en Venezuela van a mejorar de aquí a 2022, y que esa deuda podría acabar valiendo el doble que en la actualidad, o sea, unos 1.600 millones. La transacción, incluso, podría ser interpretada como una apuesta por un cambio de régimen en Venezuela que mejore la por ahora inexistente solvencia del país.

El banco, además, ha indicado en un comunicado que esos bonos «están mantenidos en fondos y cuentas de nuestros clientes». En otras palabras: Goldman no ha sido, directamente, quien ha comprado nada a Venezuela.

Para la oposición venezolana eso no es más que una excusa ante una operación destinada a financiar al Gobierno de Nicolás Maduro. El presidente del Congreso de Venezuela, el opositor Julio Borges, ha declarado que recomendará a cualquier Gobierno futuro hacer default de esos bonos.

Pero, aunque la transacción no sea problemática, sí tiene un riesgo de imagen. Y, también, un potencial peligro. Incluso en el caso de que un futuro Gobierno en Caracas no haga default de esos bonos, es posible que todas las operaciones con el equipo de Maduro sean analizadas desde el punto de vista de sus relaciones con el narcotráfico. Ése puede ser un problema para Goldman, que ahora mismo está siendo investigado en EEUU y en Suiza por haber colaborado con el fondo soberano de Malasia, 1MDB, en una operación en la que el presidente y el primer ministro de ese país se embolsaron 700 millones de dólares (625 millones de euros) en 2015.

Empresarios de monedas alternativas ven grandes ganancias en las criptomonedas



Un mercado en línea que existe más en concepto que realidad recauda $us 12.5 millones en línea en cuestión de minutos, dándole un valor de $us 300 millones. En un mes, la cifra ha saltado a $us 2.8 mil millones.

Otro proyecto que se ha creado con la vaga promesa de ayudar a los propietarios de computadoras a comercializar sus espacios de almacenamiento no utilizados está valuado en $us 350 millones.

Estos esfuerzos de financiamiento colectivo suenan como los cuentos del auge de las puntocom, cuando los inversionistas perseguían hasta extremos ridículos las valoraciones de las compañías con la simple promesa de una idea de negocio. El entusiasmo especulativo por los proyectos —llamados Gnosis, Storj y Golem— ciertamente es el mismo. Pero en realidad son parte de un fenómeno financiero mucho más extraño. Éstas son ofertas iniciales de monedas (ICO, por sus siglas en inglés). En lugar de acuñar acciones mediante una oferta pública inicial, estas compañías están acuñando criptomonedas.

Toda persona que participe en ventas como éstas recibirán fichas, o "tokens", teóricamente utilizables en el futuro en los mercados que se creen. Como en el caso de todas las monedas, cualquier valor provendrá de la voluntad de la gente de tratarlas como medio de intercambio, o de considerarlas una reserva de valor.

Es fácil descartar este fenómeno sin pensarlo dos veces. La burbuja que ha crecido tanto en cuestión de semanas en las llamadas monedas alternativas es el aspecto más espeluznante de un frenesí especulativo en las monedas digitales, incluyendo el Bitcoin. Dado que las personas están literalmente acuñando su propio dinero en un mercado totalmente desregulado, las estafas seguramente abundan.

Pero eso sería perder de vista un punto importante. Algunos de los proyectos se ven mejor como experimentos de descentralización radical, con un enfoque particular en el sector financiero. Si los bancos y las compañías de seguros pensaron que podían dominar la cadena de bloques, o “blockchain”, estos son recordatorios de que existe la posibilidad de una devastadora desintermediación.

Las entidades de monedas alternativas son las más simples de las compañías tecnológicas, pues emiten solamente un pequeño fragmento de código. Tienen el propósito de desarrollar formas criptográficamente seguras de habilitar transacciones entre partes que no tienen otro contacto o manera de autenticarse mutuamente en línea. Los usuarios finales pueden lograr acuerdos "inteligentes" que se establecen en códigos: si se cumplen ciertas condiciones, los valores cambian de mano automáticamente. Y si los contratos pueden codificarse y las transacciones verificarse y publicarse en una cadena de bloques pública, ¿quién necesita a todos los intermediarios?

También son experimentos de gobernanza distribuida. Estas entidades, creadas por pequeños equipos de desarrolladores, dependen de que los usuarios confíen en que existe un mecanismo para manejar los problemas, y para permitir el futuro desarrollo de los sistemas.

Por supuesto, todavía hay un enorme abismo entre esta visión de finanzas totalmente habilitadas por la tecnología y la realidad actual. Bitcoin es uno de los mecanismos de pago preferido por los traficantes de drogas y los piratas informáticos, y ha tenido problemas para encontrar una manera de acelerar su infraestructura subyacente como resultado de desacuerdos entre los usuarios.

Ahí es donde entra la actual ola de experimentos. Tezos, una cadena de bloques descentralizada que espera lanzar una oferta inicial de monedas en junio, representa un enfoque hacia la superación de los problemas de gobernabilidad del Bitcoin. Integradas en su sistema están las reglas simples para resolver controversias, superando potencialmente la confusión.

Al igual que el auge de las puntocom, la especulación financiera masiva que ha estallado es tanto una bendición como una maldición para los empresarios de las monedas alternativas. La promesa de riqueza instantánea ha atraído a más desarrolladores y ha provocado un auge de la creatividad, aunque también ha atraído a estafadores y corre el riesgo de enterrar todo bajo una avalancha de especulaciones.

Como la burbuja de las puntocom, probablemente tomará una década o dos averiguar cuán disruptiva es esta tecnología.

La imprevisibilidad de Trump está desestabilizando el mundo



Donald Trump está muy orgulloso de su imprevisibilidad. Al presidente estadounidense le gusta presumir que —a diferencia de Barack Obama— no tiene intenciones de compartir sus planes con el mundo.

Pero, conforme Trump realiza su primer viaje al extranjero, el costo de su imprevisibilidad es cada vez más evidente. Muchos aliados de EEUU están en un estado de confusión y alarma. Los adversarios de EEUU, especialmente China y Rusia, están aprovechando el desorden para promover sus propios intereses.

El problema es que Trump es propenso a tratar a los países extranjeros como rivales comerciales conforme el presidente estadounidense practica el “arte de la negociación”. Pero cuando se trata de la diplomacia, la imprevisibilidad puede ser peligrosa, especialmente cuando estás tratando con aliados que necesitan que alguien asegure la coherencia de la visión global de EEUU. Estas naciones han creado sus propias estrategias globales basadas en su fe en la estabilidad y la constancia de EEUU.

Cuando Trump sugiere que los compromisos principales de EEUU —desde la OTAN hasta el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)— tal vez sean poco fiables, él está socavando la creencia de que EEUU mismo es fiable. Y ya que las alianzas encabezadas por EEUU son la base del sistema de seguridad internacional en su totalidad, es posible que resulte en la inestabilidad global.

El hecho de que Trump ha hecho afirmaciones tranquilizantes a sus aliados en Arabia Saudita e Israel esta semana —y posiblemente haga lo mismo en Bruselas— no puede eliminar la incertidumbre que ha creado hasta el momento.

De hecho el mundo está lidiando con tres niveles de incertidumbre con respecto a Trump. El primer nivel tiene que ver con las políticas del presidente. El segundo con su temperamento. El tercero con su durabilidad. Con todos los escándalos en Washington, han surgido dudas legítimas sobre si Trump seguirá en su cargo dentro de un año.

En el nivel de políticas, Trump ya ha cambiado de opinión vertiginosamente. En su viaje a Arabia Saudita, él dijo que el Islam es una “de las grandes religiones en el mundo”, cuando previamente había hecho un llamamiento para prohibir la entrada de todos los musulmanes en EEUU. Ha declarado que la OTAN es “obsoleta” y entonces ha afirmado que no lo es. Ha llamado a China un manipulador de la moneda y después ha cambiado de opinión.

Ha condenado las intervenciones humanitarias en el Medio Oriente y entonces ha lanzado misiles en contra de Siria para castigar el uso de armas químicas. Ha elogiado al Brexit y a la UE también. Su relación con Rusia sigue siendo un acertijo desconcertante.

Aunque los saudíes y los israelitas forman parte de un pequeño grupo de aliados de EEUU que estaban complacidos con la victoria de Trump, aun ellos están preocupados por las señales contradictorias de la Casa Blanca. Cuando Trump estaba realizando su campaña presidencial, él prometió erradicar el acuerdo nuclear con Irán, un acuerdo denunciado por Arabia Saudita. Pero a pesar de sus comentarios sobre Irán en Riad, hasta el momento Trump está cumpliendo con los términos del acuerdo. También había prometido que iba a trasladar la embajada de EEUU en Israel a Jerusalén, pero parece haber cambiado de opinión al respecto.

En ambos casos, el presidente estadounidense probablemente ha tomado una buena decisión al alejarse de la retórica insensata de su campaña; pero eso no altera la impresión —en EEUU y en el extranjero— de que no se puede confiar en las promesas de Trump.

Las preocupaciones sobre la personalidad y el temperamento de Trump aumentan con cada tuit desaconsejable que emite la Casa Blanca. Todos los aliados de EEUU seguramente se preguntarán si pueden confiar en un compromiso de su administración. Y si su presidencia se desploma, ¿qué precio habrá que pagar por haberse acercado demasiado a la Casa Blanca de Trump?

Conforme se suman las preguntas sobre el papel internacional de EEUU en la era de Trump, los rivales de la superpotencia se están aprovechando de la situación. Sergei Lavrov, el ministro de relaciones exteriores de Rusia, casi no pudo suprimir su alegría y su hilaridad durante su visita a Trump en la Oficina Oval. Rusia se está aprovechando del estado de confusión de Occidente para promover su posición en los Balcanes y el Medio Oriente.

El contraste entre el caos en Washington y la confianza en Beijing también es notable. Cuando la administración Trump estaba lidiando con las consecuencias del despido del director del FBI, James Comey, el presidente Xi Jinping estaba anunciando la iniciativa del Cinturón y la Ruta para invertir miles de millones de dólares en infraestructura a través de Eurasia, y recibiendo en la capital china a más de 100 países interesados en ser beneficiarios del proyecto. Si sólo mitad de los proyectos prometidos se ejecutan, crearán una red centrada en China que tendrá importantes consecuencias económicas y geopolíticas.

La riqueza, la visión a largo plazo y la confianza en el futuro de China fortalecerán la idea de un “siglo asiático”. En contraste, la presidencia de Trump amenaza con convertirse en un símbolo del declive occidental.

Moneda de Venezuela se devalúa 64,13% en subasta de dólares del Banco Central



La moneda venezolana se devaluó 64,13 por ciento en una subasta de dólares que empezó a aplicar el gobierno de Nicolás Maduro para contrarrestar el mercado negro de divisas y mitigar la crisis económica.

El tipo de cambio se ubicó en 2.010 bolívares por dólar, según Pedro Maldonado, del Comité de Subastas de Divisas del Banco Central de Venezuela (BCV), frente a la tasa de 721 vigente antes del nuevo sistema de oferta de divisas.

En rueda de prensa, desde la sede del BCV en Caracas, Maldonado informó que del total de divisas asignadas 22.945.000 dólares se adjudicaron a 776 personas jurídicas autorizadas y 1.157.887 dólares a 3.054 personas naturales.

La primera subasta se resolvió bajo el tipo de "modalidad ordinaria", quedando establecido el cambio en 2.010 bolívares por dólar, entre el límite superior e inferior establecido por el BCV, agregó Maldonado al destacar que "la oferta disponible logró solventar la demanda de divisas con el tipo de bandas fijadas".


martes, 30 de mayo de 2017

Brasil: ¿Riesgo de contagio?



Tras las graves denuncias de corrupción realizadas contra el presidente Temer, vuelven a temblar las economías regionales. El impacto en Bolivia no es menor, pues se trata de nuestro principal socio comercial por la venta de gas y petróleo.

La preocupación por la inestabilidad política del gobierno de Brasil había comenzado a disiparse a principios de año, con una renovación de la confianza de los mercados sudamericanos, pero las denuncias de corrupción en contra del presidente Michel Temer volvieron a instalar las suspicacias en el tablero económico regional.

Un reciente informe de la consultora Ecolatina advirtió sobre el impacto que la crisis política en ese país podría tener en la economía.

Argumentando que “los recientes acontecimientos que involucran al presidente Michel Temer muestran que la crisis política continúa”, y que “parte del desencanto tiene que ver con la crisis de representación de la dirigencia política que se agudizó… con la difusión de un audio que involucra al actual presidente en actos ilícitos”, el estudio señala que “la crisis de legitimidad y gobernabilidad que enfrenta el gobierno no hacen más que dificultar la resolución de los problemas que aquejan a la economía brasileña”.

Ecolatina se preocupa en estudiar sobre todo los efectos de esa crisis en Argentina, el principal socio comercial de Brasil. “Si la situación política no se soluciona rápidamente, la incipiente recuperación de la economía brasileña puede marchitarse acotando las perspectivas de recuperación de la actividad local (argentina)”, advierte la consultora. De más está decir la influencia de la economía brasileña —la mayor del continente— en los mercados del cono sur sudamericano.

El impacto en Bolivia

El presidente del Banco Central de Bolivia (BCB), Pablo Ramos, confirmó que la crisis brasileña impacta en la economía nacional.

“Sin duda que impacta. Impacta de varias maneras, por ejemplo, en la medida que el real pierde capacidad competitiva, nos da ventajas… y también el otro lado, en la medida en la que los brasileños tienen problemas en sus pagos, en sus demandas, nos afecta porque es socio principal. Nosotros tenemos como principal socio del comercio exterior a Brasil, por el gas y petróleo que exportamos”, dijo, en conferencia de prensa, hace una semana y media.

“Lo que pasa con Brasil tiene que ser visto con cuidado porque nos afecta de forma directa e indirecta; inmediata y mediata, porque afecta en las relaciones en los precios y a largo plazo porque puede influir sobre demandas y nos importa mucho mantener una alta demanda brasileña sobre el gas", agregó Ramos.

Sostuvo que “Brasil en este momento ingresa en la etapa del invierno y van a tener que demandar más gas; de otro lado, sus repesas, que estaban llenas por las buenas lluvias que tuvieron y que les posibilitó tener energía hidroeléctrica, ahora ya también estarán obligados a comprar más gas para cubrir la demanda de energía interna”.

¿Riesgo de contagio?

El analista económico Alberto Bonadona declaró que Bolivia no puede ser afectada ante la crisis económica que pasa Brasil debido a que este paga todo lo que compra con dólares. “Incluso podría ser beneficioso para el país”, aseveró él.

“Si se devalúa la moneda brasileña, Cobija podría comprar cosas más baratas del Brasil y este, cuando compra algo del comercio boliviano, compra cosas que no puede producir. No sé hasta qué punto perjudicaría a Cobija. Bolivia no tendría por qué ser afectada; mas en algunos casos podría ser beneficioso, porque Brasil nos paga en dólares todo lo que compra”, explicó.

CLAVES

Racha

Tras dos años

Según datos del Banco Central de Brasil, en los primeros tres meses del año la actividad económica trepó 1.1% en términos desestacionalizados y 0.3% en la comparación interanual, cortando una racha de caídas consecutivas de dos años.

Inflación

Alza de precios

Respecto al alza de precios, tras finalizar con una inflación de 6.3% en 2016 (cerca del límite superior de 6.5% de la meta del Banco Central), en abril la inflación interanual se redujo a 4.1%, ubicándose por primera vez por debajo del objetivo del año.

PIB

Poco crecimiento

El “optimismo” se diluyó y una encuesta de mayo marca un incremento mínimo de solo 0.5% del PIB para 2017, evidenciando que los acontecimientos que involucran al presidente Temer muestran que la crisis política continúa.

'Lava Jato'

Michel Temer

La Fiscalía brasileña acusó al presidente Temer de intentar bloquear la investigación de la operación 'Lava Jato', sobre las coimas en Petrobras. Supuestamente, lo haría por medidas legislativas o por el control de nombramientos de los comisarios de la Policía.

Moody's

Nota negativa

La agencia de clasificación de riesgo Moody's rebajó la perspectiva de la nota de Brasil de estable a negativa, debido al “aumento de la incertidumbre en relación al momento favorable y a las reformas tras los últimos acontecimientos políticos”.

jueves, 25 de mayo de 2017

Argumento a favor de impuestos más altos en EEUU



Los estadounidenses se quejan de tener que pagar impuestos. Pero sólo 8 por ciento de ellos están molestos por lo que ellos mismos pagan; 67 por ciento siente que hay otros —los ricos, los pobres, las corporaciones— que no están pagando su parte justa, como lo señala Vanessa Williamson en su libro "Read My Lips: Why Americans Are Proud to Pay Taxes" (Lee mis labios: Por qué los estadounidenses están orgullos de pagar impuestos).

Esa percepción de opacidad e inequidad —ejemplificada por los Papeles de Panamá o la reticencia de Donald Trump con respecto a someter sus declaraciones de impuestos— está relacionada con la hostilidad en contra del “47 por ciento” más pobre de la población (la crítica de Mitt Romney en 2012 de los estadounidenses pobres que no ganan lo suficiente para pagar impuestos) o en contra del 1 por ciento de los ciudadanos que esconden su dinero en las Islas Caimán.

El punto clave es que a los estadounidenses no les importa pagar impuestos. Como lo demuestra la investigación de Williamson, ellos lo ven como parte de su deber cívico que les da el derecho a “ser respetados por los demás ciudadanos”. Pero sí les preocupa que el sistema no es justo ni eficiente.

Tienen razón. Hace unos días, el Congreso inició un debate sobre la reforma tributaria. Tanto los republicanos como los demócratas creen que el sistema necesita ser reformado. Pero desgraciadamente, la administración Trump y los republicanos en el Congreso están proponiendo la misma solución de siempre: recortes de impuestos para los ricos y para las compañías.

Su argumento es que la “economía de goteo” funcionará mágicamente para impulsar el crecimiento, aunque no hay ninguna evidencia de que éste haya sido el caso en los últimos 20 años. Los recortes tributarios en 2001 y 2003 durante la administración de George W Bush no estimularon el crecimiento ni lo lograron los recortes de la era de Obama.

De hecho, el repunte de crecimiento más grande se vio durante la presidencia de Bill Clinton en la década de 1990, en el contexto de tasas impositivas más altas.

Si las últimas décadas nos han enseñado algo, es que, conforme los ricos se han vuelto más ricos, no han creado una tendencia al alza de crecimiento para la economía general. En la década de 1950, la tasa impositiva marginal máxima para individuos era de 90 por ciento y la tasa corporativa era de más de 50 por ciento. Actualmente, la tasa corporativa es de aproximadamente 35 por ciento (la mayoría de las compañías pagan mucho menos) y la tasa individual más alta es de 39.6 por ciento. Sin embargo, la tasa de crecimiento actual del producto interno bruto per cápita real es 50 por ciento más baja. Por esto algunos economistas y políticos están comenzando a considerar una idea radical: tal vez las tasas de impuestos más altas no sólo no sean malas para la economía, sino hasta sean positivas.

Como se señaló en el reciente Panorama Económico Mundial del Fondo Monetario Internacional, la gran desigualdad de los ingresos y el populismo que ocasiona es la principal amenaza al crecimiento económico. No cabe duda de que la reducción de las tasas impositivas en las últimas décadas han ensanchado la brecha de riqueza; los países como EEUU y el Reino Unido que tuvieron las mayores reducciones de las tasas impositivas máximas también tuvieron los mayores incrementos en la desigualdad de ingresos.

Lo más interesante es que hay una gran falta de evidencia para aseverar que la reducción de las tasas realmente haya incrementado la inversión, lo cual es la base de la mitología de las “economías de goteo”. Como lo señala un análisis del Instituto Roosevelt, los negocios en EEUU están invirtiendo ganancias marginales y fondos de empréstitos a 25 por ciento de la tasa en comparación con la década de 1960. Cuando consideras que las tasas impositivas eran mucho más altas en ese momento, los argumentos de grupos como la Business Roundtable o la Cámara de Comercio de EEUU que aseveran que las compañías invertirían más en EEUU si las tasas impositivas fueran más bajas, parecen absurdos.

Es probable que las compañías invertirían cualquier monto adicional obtenido por una tasa más baja sobre la repatriación de efectivo extranjero en una recompra de acciones. El impuesto sobre los dividendos de 2003 no impulsó la inversión, pero la “amnistía de repatriación” de 2004 impulsó la recompra de acciones en 21.5 por ciento. Eso tiene el efecto de desconectar a los mercados de la economía real y de potencialmente aumentar el riesgo de un desplome del mercado, una posibilidad que les ha preocupado a los investigadores en el departamento del Tesoro durante algún tiempo.

Además incrementa el salario de los ejecutivos, impulsando al grupo de ingresos más altos a exigir un salario más alto de lo normal, según una investigación realizada por los economistas Emmanuel Saez y Thomas Piketty. Esto es parte de su argumento a favor de una tasa impositiva mucho más alta para los individuos más ricos.

Aun usando un clásico análisis económico de las tasas impositivas óptimas para los ricos (que se basa en determinar cuán altas pueden llegar a ser las tasas sin eliminar el incentivo para que los ricos quieran trabajar más), el resultado sería una tasa máxima de cerca de 57 por ciento, mucho más alta del nivel actual.

Nadie está sugiriendo que los estadounidenses ricos o las compañías en EEUU deberían pagar ese nivel de impuestos. Pero es un error pensar que un recorte de impuestos estimulará el crecimiento y que pagar impuestos —como lo asevera Trump— es una estupidez. Como lo señala Williamson, pagar impuestos es uno de los pocos factores que unen a nuestra sociedad.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Moreno decretará austeridad para sostener la dolarización en Ecuador

El nuevo presidente de Ecuador, el izquierdista Lenín Moreno, anunció este miércoles que decretará la austeridad en su gobierno para mantener la dolarización de la economía, que afronta problemas por la falta de divisas.

"Como lo ofrecí en campaña, firmaré un decreto ejecutivo de austeridad en el gobierno. Todo gasto, toda inversión pasará por un filtro objetivo de necesidades ciudadanas", dijo Moreno en la ceremonia en la que fue juramentado por el Parlamento.

Agregó que "vamos a sostener la dolarización" de la economía ecuatoriana, implantada en marzo de 2000 en medio de una crisis bancaria, y que "para ello impulsaremos todas las políticas y actividades que permitan sumar dólares a nuestro país. No tendremos una moneda paralela".

Moreno, quien reemplazó a su copartidario Rafael Correa, anotó que la nación "requiere multiplicar la producción y el empleo" con miras a "entregar en el año 2021 un país con mejores resultados en los ámbitos interno y externo".


El nuevo gobernante heredó un Ecuador con dificultades económicas por la caída del precio del crudo -su principal producto de venta- y de otras exportaciones, junto al encarecimiento de las importaciones.

También prometió una "implacable" lucha contra la corrupción. "Vamos a practicarle una cirugía mayor", insistió.

"Combatiremos la corrupción, la de ahora y la de ayer, y la que podría venir, la de adentro y la de afuera. Por eso hemos exigido a Odebrecht, a la justicia norteamericana, a la justicia brasileña que nos entregue la lista de los corruptos, los de ayer y los de ahora", manifestó Moreno.

La Fiscalía ecuatoriana abrió una investigación tras la revelación del Departamento de Justicia de Estados Unidos en diciembre pasado de que la gigantesca constructora brasileña pagó entre 2007 y 2016 unos 33,5 millones de dólares a funcionarios ecuatorianos.

La justicia de Ecuador dispuso el sábado prisión preventiva por 90 días para Alecksey Mosquera, exministro de Electricidad de Correa, que habría recibido 920.000 dólares dentro de la trama de millonarios sobornos de Odebrecht.

Además está con arresto domiciliario por tener 70 años de edad) el empresario Marcelo Endara, tras ser involucrado con Mosquera en el caso.